El triste declive del cine chino

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El cine chino tiene una historia tan larga como en Occidente pero es mucho menos conocida. En 1905 se hizo la primera película, y en los 20s  30s produjo varias bellísimas obras, casi todas adaptaciones de novelas históricas y de romance. Pero de finales de los 30 y hasta 1945, la industria estuvo bajo el control de las fuerzas de ocupación japonesas, por lo que muchos cineastas huyeron a Hong Kong o a Chongqing para poder seguir produciendo.

Después de la guerra hubo un segundo florecimiento, con adaptaciones de novelas contemporáneas y temas rurales, pero se detuvo de nuevo con el ascenso del comunismo duro, que promovía solamente temáticas ideológicas, y de hecho se detuvo casi por completo la producción de películas después de la Revolución Cultural.

Ya pasado ese triste periodo, vino un nuevo florecimiento importante, con los llamados directores de tercera y cuarta generación, y que llegó a un punto alto a partir de mediados de los 80s, con los directores de la Quinta Generación que son los que empezaron a trascender a nivel internacional, como Zhang Yimou y Chen Kaige.

De los ochentas y noventas hay una larga lista de obras maestras, con adaptaciones como “Sorgo Rojo” (1987), de la novela del mismo nombre del Nobel de Literatura, Mo Yan; y “Adiós a Mi Concubina” (1993) que ganó una gran cantidad de premios internacionales. Este cine estuvo basado parcialmente en historias dramáticas de la guerra reciente, en las “historias-cicatriz” de la Revolución Cultural, en anécdotas de la vida rural, y en reinterpretaciones de episodios históricos de la China clásica pero con sensibilidades modernas, como “El Emperador y el Asesino” (1999). El cine de este periodo es una etapa con actuación naturalista, historias familiares conmovedoras sin ser melodramáticas, y una extraordinaria exploración en técnicas de dirección.

Todo iba muy bien, de hecho. Hasta la tragedia del 2000.

Esta tragedia se llamó “Crouching Tiger, Hidden Dragon”, la película de Ang Lee que triunfó en todo el mundo –Oscares incluido– con su moderna presentación de las historias clásicas de estilo “wuxia”, o de héroes marciales. Este tipo de película había sido famoso en Hong Kong desde mucho tiempo atrás, pero la moderna cinematografía, con colores saturados, cámara lenta y otras técnicas contemporáneas, la hicieron un éxito inmediato.

El problema fue que sufrió del efecto de la “tienda china”: esa característica de la cultura china de saturar cualquier oportunidad de mercado interesante. Así como cuando vemos en un barrio que se abre una tienda, para luego ver otras 30 tiendas iguales abrirse súbitamente y empezar con guerras de precios, lo mismo pasó con el cine. Después del Tigre y el Dragón, el cine chino (ahora, “la industria”) empezó a crear copias al pormayor, destruyendo por completo la calidad, enfocándose casi exclusivamente en la taquilla, que para ser justos, sí ha ido creciendo a pasos agigantados.

Aunque sí hubo un par de cosas extraordinarias creadas en ese estilo en los primeros años, como “Hero” (2002) y se han seguido haciendo obras maestras como  “The Grandmaster” en 2013, eso es más porque los directores –Zhang Yimou y Wong Kar-wai, respectivamente– son maestros de su arte. Pero la gran mayoría de las grandes producciones a partir de 2003 no han sido más que malas historias revestidas de producciones super-saturadas y eso sí, visualmente impactantes.

Desde luego que se han seguido filmando películas hermosas, basadas en la importancia de la historia que cuentan y en la actuación, como The Shower (1999), Purple Sunset (2001), Roots and Branches (2003), ó Getting Home (2007); pero el grueso del cine de la industria de estos días se ha vuelto francamente patético, en comparación con hace sólo 10 años. La masificación ha sido vertiginosa, y cada año se producen docenas de películas que son clones cada vez más malos de aquél Tigre y el Dragón: producciones coloridas pero sin la más mínima sustancia, que no gustan mucho en el mercado local y que son más bien pensadas para agradar a un mercado internacional cada vez más hastiado de lo mismo, como la infame “Tai Chi” cuyo poster pongo arriba.

La otra vertiente del cine contemporáneo son las historias dramáticas –imitación también de dramas hollywoodenses– que son todavía peores que las de aventuras, y a las cuales no me quiero meter porque me da más depresión todavía.

Están las llamadas Sexta Generación y la “generación Post-Sexta” de directores, como Zhuan Yuan (East Palace-West Palace, 1996), Wang Xiaoshuai (Beijing Bicycle, 2001) y Jia Zhangke (24 City, 2008), que siguen haciendo cine socialmente relevante y de gran mérito artístico; pero de forma casi independiente y con poco impacto en las taquillas, más bien aclamados en festivales internacionales.

Esperemos que estas nuevas generaciones puedan lanzar un gran éxito al estilo del Tigre y el Dragón, que por lo menos en parte regrese a la industria a apoyar el muy buen cine que se hace en China.

 

Aquí pongo un link a una página con varias recomendaciones de películas y animaciones chinas que valen la pena:

http://astore.amazon.com/lmndsxtrn-20

 

 

Publicado en Arte, Cultura, Piensa como chino | 1 comentario

Una respuesta a El triste declive del cine chino

  1. Miguel Ángel Morbelli dijo:

    Estimados:
    Desde que leí el concepto filosófico de la CAPACITACIÓN explayado por un Oriental, y con la llegada a mis manos del famoso ARTE DE LA GUERRA, comencé a adquirir libros de esos orígenes, ya que despertaron en mi persona un marcado interés en conocer una Cultura Rica y Milenaria.

    Mis cordiales saludos.

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