La trágica caída de Shanhaiguan

22 Shanhaiguan

Hebei (河北, Héběi) es sin duda una de las regiones más importantes de la China antigua, habiendo sido escenario importante de las conflagraciones que fueron formando su territorio y sobre todo sus fronteras al norte. Su extensión geográfica se traslapa con las tierras que fueron ocupadas por los antiguos estados de Yan y de Zhao en los periodos de Primavera y Otoño (春秋, Chūnqiū; 722–476 a.C.) y de los Reinos Combatientes (战国, Zhànguó; 475–221 a.C.), por lo que a veces también se le ha dado en llamar Yanzhao (燕趙, Yānzhào).

 

Como región limítrofe del antiguo imperio, Hebei fue por siglos parte fundamental como defensa ante los invasores provenientes del norte: mongoles y xiongnu (匈奴), kitanes, jurchen y manchúes; y por esta razón cuenta en su territorio con partes importantes de la Gran Muralla. Es importante saber que la Muralla fue comenzada como una multitud de proyectos defensivos independientes de cada uno de los estados del norte contra los “bárbaros”, y consolidada como una sola defensa en épocas del primer emperador de la dinastía Qin (秦, 221–206 a.C.); pero el proyecto siguió creciendo y siendo restaurado por muchos siglos, y mucho de lo que vemos en nuestros días de hecho es trabajo realizado durante la dinastía Ming (明, 1368–1644).

 

Para los entusiastas de la muralla y de historias dramáticas, es bueno saber que en Hebei se encuentra la extensión oriental de la muralla, con la imponente guarnición llamada el “Paso de Shanhai” (山海关, Shānhǎiguān) y cuyo último tramo, conocido como “cabeza de viejo dragón” (老龙头, lǎo lóngtóu) famosamente termina en el mar, en una vista espectacular. El Paso de Shanhai, o “Paso del Este”, fue históricamente una de las guarniciones más importantes que guardaban el paso entre la China imperial y los peligros del norte. Por siglos se consideró inconquistable y fue llamado el “primer paso bajo el Cielo” (天下第一关, tiānxià dì yī guān), y la historia de su caída es trágica y fascinante.

 

A finales de la dinastía Ming, el imperio entró en caos debido a una combinación problemas: al interior había mala administración, rebeliones y desastres como inundaciones y hambrinas; y del exterior esto fue aprovechado por las tribus jurchen que arreciaron sus ataques. En 1644, Li Zicheng (李自成), un líder rebelde de Shanxi, se declaró como primer emperador de la nueva dinastía Shun y formó un poderoso ejército que arrasó una débil resistencia y avanzó sobre Beijing, la capital. Viendo la situación perdida, el emperador Ming se ahorcó. La última fuerza leal a Ming estaba comandada por el general Wu Sangui (吳三桂), quien se fortificó en el Paso de Shanhai y desde ahí luchó contra el usurpador, sabiendo que no resistiría mucho. Desesperado, el general Wu habló con los enemigos al norte, los jurchen –ahora llamados manchús y comandados por el príncipe Dorgon– prometiéndoles riquezas si le ayudaban a pelear con los rebeldes. Dorgon tomó esta oportunidad sin precedentes y dijo a Wu que podía morir, o someterse a los manchús. El general Wu, sin opciones, abrió las puertas del Primer Paso Bajo el Cielo, el inconquistable, para dejar pasar a las fuerzas manchús, que derrotaron al usurpador Li, pero instauraron la dinastía Qing (清, 1644–1911), la última dinastía imperial. Aún cuando nos es difícil juzgar a estos hombres, podemos visitar hoy en día esa legendaria fortificación e imaginarnos a los antiguos generales a ambos lados de la muralla, tomando decisiones que cambiarían la historia.

 

 

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