#74 Otra vez: ¿los chinos comen ratas?

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A ver, un ejemplo solamente: ¿los españoles golpean a sus mujeres?, o sea, ¿Es una cultura de hombres prevalentemente golpeadores?

Ciertamente, una cantidad de ellos lo hacen. Y en años recientes, España ha sido acusada de ser una “cultura prevalentemente machista” que abusa de las mujeres; con casos de muertes por violencia doméstica realmente bárbaros. Pero demos un paso atrás. Primero: las noticias muestran ese tipo de cosa por vocación. En inglés se dice “If it bleeds, it leads”: o sea, “Si tiene sangre, ponlo en el encabezado”.

La violencia doméstica, que es deplorable, es algo que pasa en la condición humana y no sólo en España, pero por alguna razón ha sido ella la que se ha ido ganando esta imagen, aunque está lejísimos de ser la sociedad con el problema más grave de este tipo: mientras que se registraron 700 casos fatales en España en la última década, en Estados Unidos hubo casi 12 mil, que es una relación del doble si tomamos en cuenta las poblaciones de ambos países. ¿Por qué EU no tiene entonces esa imagen?

China ha pasado por muchas hambrunas a lo largo de su historia. En épocas de esas, las ratas hubieran sido un lujo: hay recuentos que narran cómo la gente subsistía comiendo ¡cortezas de árbol! Ahora bien, en ciertos lugares de China, notablemente Cantón, hay tradiciones de comer cosas más raras que en el resto del país, incluyendo gato; la mayoría de los chinos piensa que los cantoneses “comen de todo”. Y fueron los cantoneses quienes constituyeron la mayor parte de la primera gran migración china hacia Occidente, cuando la Fiebre del Oro (1849) en California. En esa época varias potencias europeas estaban obteniendo concesiones comerciales y de extraterritorialidad por parte de la ya débil y corrupta dinastía Qing (清, 1644-1911): los ingleses incluso controlaban las aduanas de Hong Kong y de Shanghai. Así que a los estadounidenses también se les ocurrió llevarse mano de obra barata para trabajar en minas y vías de tren, que estaban en plena expansión. Tanto en Cantón como en Fujian hubo villas enteras de “hombres perdidos”, que se iban escapando de condiciones muy malas con la esperanza de enviar dinero a las familias que dejaban.

Tras algunas décadas, los chinos establecidos en EU, con base principal en San Francisco, se expandieron más allá del trabajo de virtual esclavitud en los que habían llegado, y comenzaron a tener más y más éxito económico, creando sus asociaciones mutualistas (公司, Gōngsī; la palabra que se usa de forma moderna para decir “empresa”). Este éxito empezó incluso a rivalizar con las empresas estadounidenses en poder local, lo que desató la infame propaganda conocida hasta nuestros días como el “Peligro Amarillo”, que desembocó en una legislación extremadamente racista: el Acta de Exclusión China de 1882.

Ya desde aquel entonces, se consideraba que los chinos “robaban empleos” a la gente local. Mucha de la propaganda fue enfocada a mostrar que esto era debido a que eran menos que humanos y que, viviendo en condiciones atroces, obviamente eran más baratos que los virtuosos y civilizados trabajadores americanos. La idea de que “comen ratas” (como cultura normal) viene de aquellos pósters propagandísticos de fines del s. XIX:

27b Comen rata

Lo de comer ratas es una de tantas cosas, pero es síntoma de otro problema de percepción más generalizado y que no se circunscribe a los chinos: la necesidad de reducir y simplificar, de preferencia de forma negativa, al “otro”. Y por supuesto, no estar dispuesto o no tener la mínima iniciativa para investigar un poco, o para poder distinguir entre cosas que son propias del ser humano, de las que son propias de una cultura en especial.

Ahora bien, China simplemente por sus dimensiones y por su ascenso reciente en la arena mundial, es más susceptible de estas generalizaciones: siempre ha despertado pasiones de forma más notable que digamos, Albania. Así vemos diariamente noticias del uso de carne de perro, de conflictos con policías, de alguna señora que arregla el matrimonio de su hija, entre infinidad más. Y sí, todas ellas son ciertas, pero el problema estriba en pensar que todas sean conductas sistemáticas.

¿El tráfico chino es caótico? Sí, ciertamente.

¿Comen perro? Sí, pero sólo en algunos lugares, más que nada en zonas rurales.

¿Comen ratas? Pues… intente pedir rata asada en un restaurante chino, a ver qué le contestan.

Estamos en la época de la difusión universal de información y de los viajes cada vez más accesibles. No tenemos excusa para pensar que todos los italianos cantan ópera.

 

 

Publicado en Cultura, Historia, Piensa como chino | 4 comentarios

4 respuestas a #74 Otra vez: ¿los chinos comen ratas?

  1. Ivy dijo:

    Interesantísimo y brillante. El cierre de la nota es exquisito. Me fascina como escribes.

  2. Margarita dijo:

    Interesante información, importantes puntos de vista. Me gusta

  3. Antonio dijo:

    Y en Bolivia, los conejos de Indias (cuis).
    Y España, caracoles,…

  4. Fabiola dijo:

    Es una verdadera delicia leer tus artículos,

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